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13/04/2026 • columnas
La fe como refugio, no como escudo para la impunidad

La fe como refugio, no como escudo para la impunidad

En el marco del Día de la Niñez, solemos llenar las redes de colores y felicitaciones. Sin embargo, en nuestro país, hay un silencio que aturde y una «moralidad» que asfixia. Como mujer de fe, psicóloga y defensora de derechos, no puedo callar ante la vergüenza: la intervención de sectores religiosos y conservadores que, bajo el velo de una supuesta verdad, terminan revictimizando a quienes más sufren.
Resulta paradójico que grupos que se dicen portadores de la luz muevan masas basándose en la desinformación. Hemos escuchado de todo: que la protección a la niñez es «una ley contra los hombres» o que quienes exigimos justicia somos «feministas amargadas». Este discurso de odio no solo carece de criterio, sino que es una cortina de humo para no mirar la realidad: miles de sobrevivientes de violencia sexual siguen esperando justicia mientras el Estado laico parece haber quedado en una esquina del olvido.
Las iglesias tienen un rol social indiscutible, pero ese rol debería estar guiado por el mandato del amor y la protección al vulnerable que enseñó Jesús. ¿En qué momento el mandato espiritual se convirtió en complicidad con la desinformación?
Es inaceptable que se atribuya la responsabilidad a las niñas, niños, adolescentes y mujeres. Cuando se atacan las leyes de protección, se le está abriendo la puerta a quienes abusan.
La laicidad no es sinónimo de ateísmo o la prohibición de profesar una religión y una fe, laicidad es la garantía de que ninguna creencia particular pase por encima de los derechos humanos fundamentales de una niña, niño una mujer y de todas las personas. Me avergüenzo de aquellos y aquellas que, desde una supuesta voz de autoridad espiritual, intentan cuidar estructuras de poder en lugar de cuidar las vidas rotas.
Prevengan la violencia dentro y fuera de sus iglesias. Enseñen el respeto, el consentimiento y el cuidado. No usen la fe para silenciar el llanto de una niña que fue vulnerada. Ser una persona de fe hoy significa, más que nunca, pararse al lado de la justicia y no en la fila de quienes, por omisión o mentira, protegen a los lobos.
Por ti niña que ya no estás con nosotrxs y por ti que te quitaron la sonrisa, fuiste vixl?da y hoy no quieres denunciar, por tanta metida de pata. Aún creo en una fe que sane y no que condene.

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